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martes 11 junio 2013





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Mboyeré | martes 11 junio 2013 | 19:19:00 hs

Remarcan el vínculo entre el estrés crónico y el aumento de peso

Se ha comprobado que la exposición continua a factores estresantes (conflictos personales, cambios en el estilo de vida, presiones laborales, y otros) puede llevar a ingerir calorías de bajo poder nutritivo en forma compulsiva. Ello incrementa las posibilidades de sufrir síndrome metabólico, que incluye diabetes, hipertensión arterial, elevación de grasas en la sangre y otras afecciones. Existen técnicas cognitivo-conductuales que permiten un manejo consciente de la ansiedad y de la alimentación.

    El estrés, un estado que parece inseparable del hombre moderno, puede tener consecuencias sumamente graves sobre la salud. Diversas investigaciones han demostrado que cuando se trata de una condición crónica, en muchos casos afecta la conducta alimentaria, y aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad. Y a su vez, ello incrementa la posibilidad de sufrir síndrome metabólico, un conjunto de enfermedades que van desde la diabetes hasta la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia, con consecuencias potencialmente fatales.

    En épocas de estrés aumenta la ingesta, especialmente ante comida palatable y energéticamente densa[1]. La Dra. Rosa Labanca, médica nutricionista universitaria y directora del Centro de Docencia, Asistencia e Investigación de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA), explicó que "los índices de estrés se correlacionan con las tasas de obesidad y síndrome metabólico. Mientras el estrés agudo quita el apetito, en el caso del estrés crónico es diferente: se altera el eje hipotalámico, pituitario y adrenal (HPA), liberando grandes cantidades de cortisol, la hormona del estrés. Esto lleva a cambios en el comportamiento alimentario: aumenta la frecuencia de las comidas, la cantidad de calorías ingeridas a diario, la ingesta de hidratos de carbono y grasas, y se prefieren los alimentos más palatables (los más 'ricos' o agradables al paladar'), que son adictivos".

    Se ha demostrado que "productos como las galletitas, los chocolates, y otros ricos en carbohidratos y grasas, causan el mismo efecto que la cocaína, las anfetaminas, la nicotina, el alcohol o la actividad sexual: aumentan la dopamina, una sustancia asociada al placer. La persona con dopamina baja debido al estrés crónico recibe una gratificación al ingerir esos alimentos, sube la dopamina transitoriamente, y necesita ingerir más", explicó la especialista.

    Estos cambios en la alimentación "facilitan la aparición del síndrome metabólico, dado que debido a ciertos receptores del abdomen, la grasa se acumula de la cintura para arriba, en la 'panza' (lo que llamamos 'obesidad androide'), que aumenta el riesgo cardiovascular".

    La propuesta para tratar la obesidad asociada al estrés crónico incluye "técnicas conductuales para manejar la ansiedad; relajación; actividad física, y herramientas que permiten modificar hábitos del paciente para que reaccione diferente ante la necesidad de comer determinadas cosas", señaló la Dra. Labanca, quien agregó que "finalmente se aspira llegar a lo cognitivo, a que el aprendizaje sea más profundo, incorporando pautas de vida saludables. Dado que el disconfort emocional lleva a comer inadecuadamente, apuntamos a promover una nueva actitud ante los desafíos cotidianos. Además, existen medicamentos y suplementos dietarios con efecto orgánico que favorecen el descenso de peso, y por consiguiente aumentan la motivación por continuar el tratamiento".

    En este sentido, la asociación terapéutica de suplementos dietarios como el ácido linoleico conjugado original (Metabolic cla®), reducen la cantidad de grasa en personas físicamente activas. Los efectos se observan en particular en la zona abdominal, donde la grasa es reemplazada paulatinamente por tejido muscular. Esto se logra mediante un mecanismo químico que reorienta al metabolismo graso.

    Para la Dra. Labanca “diversos estudios dan crédito de la seguridad y eficacia del ácido linoleico conjugado, pero siempre como complemento de un abordaje integral de la problemática del paciente, por lo que se recomienda que su indicación esté en manos del médico especialista y como una pieza más de un tratamiento abarcativo”.

    En Argentina, el 50,5% de la población mayor de 18 años es obesa o tiene sobrepeso (datos basados en la Primer Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2005[2]), y según la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2009[3] esta cifra llegó casi a 54%.  

    El estrés crónico

    Una encuesta nacional realizada en los EEUU en 2007 halló que casi el 50% de las personas se sentían más estresadas que hacía cinco años, y el 43% reportó que empleaba la comida como una ayuda para el estrés. Las mujeres reportaron significativamente más que los hombres estrés relacionado con la comida, en especial productos ricos en grasas y azucarados. Se ha comprobado también que las personas más reactivas al cortisol elevado reportaron una mayor ingesta de snacks[4].

    Según la Asociación Americana de Psicología, el estrés crónico es aquel "que desgasta a las personas día tras día, año tras año" y "destruye al cuerpo, la mente y la vida. Hace estragos mediante el desgaste a largo plazo. Es el estrés de la pobreza, las familias disfuncionales, de verse atrapados en un matrimonio infeliz o en un empleo o carrera que se detesta".

    El estrés crónico surge cuando una persona no ve la salida a una situación deprimente. Es el estrés de las exigencias y presiones implacables durante períodos aparentemente interminables. Sin esperanzas, la persona abandona la búsqueda de soluciones.

    Y señala que "el peor aspecto del estrés crónico es que las personas se acostumbran a él, se olvidan que está allí. Las personas toman conciencia de inmediato del estrés agudo porque es nuevo; ignoran al estrés crónico porque es algo viejo, familiar y a veces hasta casi resulta cómodo". Los síntomas de estrés crónico son difíciles de tratar y pueden requerir tratamiento médico y de conducta y manejo del estrés.

    Agitada vida urbana

    Entre los factores que inciden en el estrés crónico se encuentra el estilo de vida moderno. Según una investigación publicada en Phisiology & Behavior,[5] en una sociedad donde se alienta el consumo de calorías y el sedentarismo, mantenerse delgado parece un enorme desafío. En medicina se habla de un "ambiente obesogénico", que incluye falta de sueño, alta exigencia, abundante disponibilidad de productos muy palatables y ricos en calorías, eliminación o automatización de actividad física en el hogar y el trabajo, y otros factores.

    Los avances tecnológicos han llevado a una mayor demanda de actividades mentales, en detrimento de las físicas, y recién se está comenzando a estudiar la implicancia de esta situación, ya que se trata de actividades sedentarias estresantes y que requieren una respuesta orgánica precisa. Por ejemplo, se halló que las labores vinculadas a la computadora, así como al mirar TV, fomentan el aumento de ingesta de alimentos sin que exista hambre. El trabajo cognitivo induce fluctuaciones en la glucosa plasmática y la insulina, y un aumento de los niveles de cortisol que se compensan al ingerir comida.

    Otro hallazgo gira en torno al sueño: en la actualidad se duerme menos que antes, aproximadamente una hora menos que en las últimas décadas. Pero estudios de intervención mostraron que el sueño se relaciona con el equilibrio hormonal y la regulación del gasto calórico. Personas que seguían un plan para bajar de peso lograron mejores resultados cuando dormían 8 horas y media que cuando dormían 5 horas y media.

     

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