
Escribe Alejandro Miravet (h) – Jefe de Asesores del ministerio de Coordinación General de Gabinete
miércoles 5 septiembre 2012
El debate desatado por el voto a los 16 años es más que interesante. Ya que denota temores hacia la juventud. Temores siempre existentes sólo que hasta antes de que se hablara del tema la denostación hacia los jóvenes pasaba por estigmatizarlos en diferentes situaciones de la vida cotidiana. Varias frases o definiciones se usan para dicha acción como “los jóvenes no trabajan”, “los jóvenes no estudian” y otras por ejemplo que apuntan a una marginalidad aún mayor como “pibes chorros” o “villeritos”.
Quienes debaten hoy el tema y ponen en duda la capacidad de elegir libremente mediante el voto son los mismos hombres y mujeres que durante años han equivocado el camino cuando tuvieron poder de decisión política. Buscan llevar la discusión a un terreno donde enmarcan a una juventud totalmente boba, de poco entendimiento y capacidad de discernir. Un punto de vista claramente discriminador.
Por ello estoy convencido de que no hay que dejar pasar esta oportunidad de abrir el espacio eleccionario a los pibes de 16 años. Es una apuesta clara y profunda que busca integrar más hombres y mujeres a las decisiones de nuestros gobernantes.
No debemos temer a los jóvenes, están más preparados que muchos adultos que no quieren romper con dogmas que siempre han quitado del camino de la construcción política y social a la juventud.
En la historia argentina los adultos hemos errado en infinidad de oportunidades; no se pierde nada dándoles una a ellos. Seguramente nos llevaremos una sorpresa. O acaso los chicos de los barrios más alejados pueden entrar al sistema sólo al cumplir 18 años.
Existen miles de adolescentes que día a día la pelean por ser parte de un sistema que muchas veces no es justo. Pero ellos no ceden en esa búsqueda constante por la superación que indudablemente tiene como premio una vida mejor. Y son pibes que buscan conocimiento, capacitación y con una sorprendente solidaridad buscan volcar lo que adquieren al lugar de donde provienen.
Y para quienes señalan, sin dar espacio a los jóvenes, que votar a los 16 años es ridículo no reparan en años de iniciativas como el Concejo Estudiantil de Posadas o el Parlamento Estudiantil de Misiones. Allí adolescentes… si leyó bien, adolescentes hacen un ejercicio cívico legislativo. Y lo cierto es que es tan bueno el trabajo que realizan que muchos ediles o diputados adultos se encargaron de robar los proyectos que los pibes presentaron. Y esto es una realidad fáctica simple de comprobar. Lamentablemente chantas existen en todos los ámbitos.
Volviendo a lo puntual del debate actual me pregunto como habrán sido las críticas de época cuando se habilitó el voto femenino. Seguramente tan recalcitrantes como ahora. Las conquistas sociales justas en nuestro país siempre han costado mucho pero con esfuerzo y convicción se han logrado.
Por eso entiendo que es momento de estigmatizar a los jóvenes con el voto. La única herramienta real para el cambio. Aún más tras la historia negra de nuestro país que sufrió una de las dictaduras cívico – militar más sangrienta de América Latina. Que mejor homenaje democrático que el año próximo gurises y gurisas de 16 años de Misiones y la Argentina puedan votar a 30 años del regreso de la democracia al país.
Brindándoles la posibilidad de voto, que es una expresión política de la voluntad individual, estamos haciendo Justicia Social.





